¿Cómo les baila? Algunos me conocen y me quieren bien. Otros están punto. Me llamo Rodolfo (lo diré aquí por última y única vez) y el apellido es completamente real. Soy lomense de pura cepa y loco por Los Andes.
Cuando vean mi foto, a lo mejor les llamará la atención que ultimamente no me tengan visto por la cancha. Lo que pasa es que yo miro los partidos desde un lugar privilegiado. Mi amigo Eddie Fiumara, el hombre del tennis, me alcanza una de esas sillas con una publicidad de agua tónica, y me ubico allá en el portón del córner donde ponen el autobomba. De paso converso con los bomberos con quienes cultivo añeja amistad.
Ahí, tranquilo, pico unos tomatitos cherry y sorbo de mi brebaje preferido: la bebida del alcaucil. Para mí el fútbol no es un drama, e intento siempre transmitir ese mensaje.
Igual, yo la viví. No crean que mi vida fueron las hortalizas. En los setenta probé algunas sustancias, siempre con ánimo creativo. Hoy no recomiendo nada. Mi tango fue la música progresiva y digamos que representé la síntesis ideal del muchacho inquieto de entonces: tuve compromisos politicos y sociales, sin que eso me privara de los placeres mundanos de la vida. Mis tatuajes de marinero de la empresa estatal ELMA (luzco una almeja en el bíceps derecho y un pez martillo en la pierna) me granjearon un sex apeal que me abrió acceso a las mejores cachorras de la época: Dalma Millevos, Elvia Andreoli, María Noel… qué saben ustedes de todo esto.
Pero nunca me alejé del barrio. Soy un tipo de ideales claros. Preguntenlé si no a Pachy Giganti o a Rubén Telechea sobre nuestros domingos en Namuncurá (a la pile de Los Andes íbamos los días de semana), con nuestras mallas strech com motivos psicodélicos que nos comprábamos por Laprida.
Hoy resido en la zona de Parque Barón y se puede decir que vivo de rentas. Alquilo para eventos un combi que me compré cuano vendí mi querida casa rodante Andariega. Lo cual fue todo un problema: la tenía en el terreno del fondo y cuando hice una ampliación en la
casa no quedó espacio para sacarala. Tuve que desarmarla.
En Semana Santa y en la vacaciones de invierno tengo una changa en la termas de Río Hondo, De noche cuido las piletas y de día soy el que se ocupa de armar patitos con las toallas que se dejan de adorno sobre la cama en las habitaciones.
También soy periodista. Estudié en el Instituto Grafotécnico y cada vez que puedo despunto el vicio.
Aquí estoy para que disfruten semanalmente de mi pluma y mi palabra, al servicio, esta vez, de los grandes temas milrayitas.
Saluti. Y Gracias.
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